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En mis 90 años

Germán Carías Sisco (izuierda) entrevisata a Jorge Negrete (centro) con Terry J. León (derecha).

Mi papá, Germán Carías Sisco, cumple 90 años y en un relato nostálgico publicado en el diario La Nación de San Cristobál y El Clarín de La Victoria, nos cuenta sus inicios en la profesión periodística. Además enumera a los familiares que decidimos seguir su camino por la admiración a su trabajo.

Con neblina y frío intenso nos levantábamos en Colinas de Carrizal en medio de las montañas. El repiqueteo constante de una máquina de escribir Brother me había sacado de mi sueño. Mi papá escribía otro de sus grandes reportajes y como lo esperaba en su estudio, era el primero en enterarme de la noticia.

Gracias a papá aprendí a leer porque siempre me regalaba libros desde Juan Salvador Gaviota y El Principito hasta El Perfume y Los Amos del Valle. En mi adolescencia me sentía molesto al ver a mis amigos recibir pistas de carreras, bicicletas, patines o patinetas. Hoy lo agradezco porque fue el camino para escribir bien. Feliz cumpleaños.

Por Germán Carías Sisco

En el trajinar de la vida he experimentado vivencias y experiencias inolvidables al vaivén del tiempo y las distancias.

Hoy a Dios gracias he podido remontar cuestas al sortear escollos en los avatares del destino. Dichas, penurias, adversidades, recreaciones, melancolías. También angustias, tristezas y satisfacciones. Como todos a quienes la fortuna nos ha deparado el don nonagenario.

Y en mis persistentes añoranzas desde que nací entre carencias y privaciones aquel domingo de Ramos 21 de marzo de 1926, allá en la todavía pueblerina parroquia La Pastora de la Caracas rural con techos rojos, calles empedradas y tranvías eléctricos, me esforcé con ayuda de mi abnegada madre y mi padre, poeta y trovador, para superar los embates de la estrechez y las limitaciones.

Cómo olvidar mi impacto emocional de niño a los 6 años, apenas cuando de la mano de Matilde, mi cariñosa abuela paterna, viajé alborozado por vez primera en tren de Caracas a La Guaira en un vagón de tercera, para ver el mar. Y lloré de alegría allá en el balneario popular de Macuto al retozar en la arena debajo de los frondosos almendrones y uveros, mientras me empapaba los pies entre el escarceo de las olas en la playa.

La vena periodística la heredé de mi padre, quien me estimuló, al igual que a mi hermano Fernando, para fundar el cancionero “Alma criolla”, el primero en editarse en Venezuela y el cual se convertiría dos años después en la primera revista cinematográfica del país, con corresponsales en todos las capitales cineastas del mundo. Tenía apenas 13 años ese afortunado 15 de diciembre de 1939.

Ha sido arduo el extenso camino. Pero me enorgullece haber logrado ideales y aspiraciones. Sobre todo, los 76 años de ininterrumpida misión periodística. Y al igual que mi exaltación infantil al observar el azul infinito, también deliré de entusiasmo cuando el notable periodista Terry J. León, mi primer maestro en la profesión de toda mi vida, jefe de Deportes del tabloide “Ultimas Noticias” que comenzaba a circular en Caracas bajo dirección del famoso periodista y escritor Pedro Beroes, me pidió que escribiera la crónica futbolística

En aquel convulso septiembre de 1941, acababa de cumplir 15 años, en pleno apogeo de la segunda Guerra Mundial. Estudiaba segundo año de bachillerato en el viejo liceo Fermín Toro, en la esquina de La Pilita, cerca de la tenebrosa cárcel política de La Rotunda de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Como jugaba de medio campista en el equipo juvenil del Deportivo Venezuela, Terry me estimuló para reseñar los partidos de Primera División.

No tendría ninguna remuneración, sino que “lo importante” era que aprendiera a redactar informaciones en un periódico. Eso sí, tenía que escoger un seudónimo para firmar las notas, como se acostumbraba en esa época en la identificación de autores de informaciones y columnas deportivas. ¡Qué dicha ver mi apelativo de Gercasis al pie de la nota en lacónica media cuartilla (32 líneas, 270 palabras, 1.400 caracteres) al noticiar el triunfo en el segundo final y por la mínima anotación del Deportivo Venezuela frente al Dos Caminos! Día de júbilo hogareño y en las aulas del liceo Fermín Toro, dirigido por el doctor Juan Francisco Reyes Baena.

Al año de ser cronista colaborador de fútbol, el periodista, humorista y político Francisco José “Kotepa” Delgado, propietario de “Ultimas Noticias”, junto con Víctor Simone de Lima y Vaughan Salas Lozada, me citó en privado a su oficina para anunciarme que se había decidido mi ingreso a la página de Deportes con un primer sueldo como periodista titular de 100 bolívares mensuales, los cuales nos pagaban por quincena, a veces en centavitos de níquel, recaudados del pregón diario del periódico que se vendía entonces a 0,05 céntimos el ejemplar, una “puya” al decir coloquial.

Ahí comencé a foguearme de reportero cuando todavía no existían escuelas universitarias de periodismo en el país. Luego ingresé a “El Heraldo” en 1945, donde recibí mi bautizo de fuego y sangre durante la toma insurreccional del cuartel San Carlos al ser derrocado por un golpe militar el presidente constitucional Isaías Medina Angarita el 18 de octubre. Y más tarde, en mayo de 1948, era contratado por el renombrado poeta y escritor Miguel Otero Silva, para compartir responsabilidades en la crónica policíaca de “El Nacional” junto al excelente reportero Juan Acosta Cruz.

En el diario de Puerto Escondido, que dirigía desde su fundación el poeta Antonio Arráiz, fue realmente mi confirmación reporteril. Durante 37 años permanecí en esa gran escuela del periodismo en su época dorada, alternando mis obligaciones de reportero en sucesos, corresponsal en Barcelona y Ciudad Bolívar, Valencia, Mérida y San Cristóbal, de 1951 a 1957, redactor judicial, cronista parlamentario y político, también jefe de Información, enviado especial al exterior, jefe de Redacción encargado y editor nocturno, con mis incursiones efímeras en radio al fundar “Notirumbos” con Aquilino José Mata y Amílcar Gómez en Radio Rumbos en mayo de 1959, luego en “Radio Caracas Televisión” y “Venevisión” de 1970/71, con los programas “Más allá de la noticia” y “Reportajes”, así como director de Información en la UCV, jefe del medio radio en Opus Publicidad, director de la Agencia radiofónica de noticias ARI y de las revistas “Ambiente” y “Avión”.

Me correspondió el honor de entrevistar al año de su ascenso al poder al general Isaías Medina Angarita, en 1942, y a todos los otros presidentes de Venezuela, con excepción de los dos últimos jefes de Estado. Asimismo, pude interviuvar a 8 presidentes de Colombia, a Salvador Allende, Fidel Castro y Francisco Caamaño Deñó. Incluso, actué seis veces de corresponsal de guerra en Venezuela, Honduras, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Colombia y Cuba.

Cuántas vivencias puedo evocar y relatar ahora en mi pausa circunstancial del ajetreo periodístico diario. Porque todavía sigo redactando mis “Cronísticas” y artículos para La Nación. También reportajes y reseñas en diario “El Clarín” de La Victoria y en el blog informativo “Miami al día” de mi hijo Germán Gilberto Carías Bermúdez, quien al igual que mis sobrinos Illeny Carías Rodríguez, precursora de los noticiarios explicativos en Venezolana de Televisión con el veterano reportero Omar Pérez; Armando Carías Canelón, fundador del teatro universitario para niños “El chichón” y actual presidente del Movimiento periodismo solidario; Jorge Fernando “Nano” Carías Canelón, jefe fotográfico en “Meridiano”, hijos de mi difunto hermano Fernando Carías Sisco, biógrafo, entrevistador y fotógrafo de artistas, así como mi sobrina Illelyna Carías, periodista y profesora de Comunicación en la Universidad de Puerto Vallarta, México, y mi primo segundo Luis Carías Toscano, redactor económico del diario digital Global inversor de Buenos Aires, nos han sucedido en el apasionante quehacer profesional.

Y en las saudades del retiro obligatorio de mis compromisos diarios, me acompañan ahora todos esos gratos recuerdos. Con mayor devoción, mi abnegada esposa Gisela, novia, amante, fiel amiga, quien me ayudó volver a la vida y ha soportado estoicamente los embates inevitables de mi ancianidad. También mis libros, la música, canciones y cantantes de las décadas de los 30, 40 y 50 en mis expansiones musicólogas.

A pesar de las contingencias y vicisitudes propias de la vida, he sido realmente feliz. En su sabio aforismo, el apóstol de la libertad de Cuba, escritor, filósofo y poeta, José Martí, insistía: “hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su existencia, plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Sembré numerosos árboles en mi infancia y juventud, soy padre de seis hijos y tres hijastros, 15 nietos, 13 bisnietos, y he publicado 14 libros.

Hoy, en el declinar de la vida, solo imploro fuerzas a Dios para continuar escribiendo y poder terminar mi último texto autobiográfico: “Periodista hasta morir”.

gercasisgcs@gmail.com

Germán Carías Sisco (izuierda) entrevisata a Jorge Negrete (centro) con Terry J. León (derecha).

Germán Carías Sisco (izquierda) entrevista a Jorge Negrete (centro) con Terry J. León (derecha).

  1. Giovanni Acosta #

    Mis mejores deseos por una muy feliz longevidad – Giovanni Acosta – Hijo de Juan Acosta Cruz, “El Caballo Acosta”.
    .

    3 mayo, 2016

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