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Entérate cómo se celebra Halloween en diferentes partes del mundo

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Con rostros cubiertos de sangre, ojos desorbitados, cuerpos desmembrados y cadáveres en las calles, Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda y algunos otros de Europa y Canadá celebran el Halloween; sin embargo su popularidad es mayor en el continente americano.

La Federación Nacional de Minoristas de Estados Unidos prevé que este año el gasto total por la Noche de Brujas ascenderá a 7.400 millones de dólares, de los cuales casi 3.000 se destinarán a la adquisición de disfraces, que comenzaron su popularidad en EEUU alrededor del año 1900, pero fue hasta la década de los 30 del siglo pasado que comenzó su producción en serie.

A diferencia de los disfraces de otras celebraciones, los de Halloween son de personajes sobrenaturales como monstruos, vampiros, fantasmas, esqueletos, brujas y demonios, aunque también se han adoptado figuras de la cultura pop, presidentes o estrellas del cine o televisión, o incluso acontecimientos recientes; por ejemplo el brote de ébola y incluso hay quien desea disfrazar a la Estatua de la Libertad.

El diseñador, Nick Graham planea colocarle, con ayuda de helicópteros, un gigantesco corbatín. La estatua no portará directamente el moño, pero a la distancia creará la ilusión visual de que sí lo lleva puesto.

Y no sólo las personas vestirán disfraces esa noche, se calcula que 23 millones de estadounidenses adquirirán indumentaria especial para sus mascotas.

La tradición

Halloween se remonta a hace cerca de 3 mil años, cuando se realizaba la celebración celta del Samhain, al final de la temporada de la cosecha.

Los celtas, un pueblo guerrero que habitaba lo que ahora son Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia, creían que el 31 de octubre, las fronteras entre el mundo de los vivos y de los muertos se superponían y los muertos podían regresar a la vida para causar estragos, tales como enfermedades o daños a los cultivos.

Entonces, para apaciguar a los espíritus malignos y evitar los perjuicios que eran capaces de provocar, se usaban máscaras y disfraces. ‘Truco o trato’ (trick or treat) es una expresión muy popular en la Noche de Brujas que dicen los niños disfrazados cuando recorren casa por casa para obtener dulces.

Las casas son decoradas en colores naranja, negro y morado, así como calabazas talladas con forma de caras, generalmente monstruosas, iluminadas desde el interior con una vela encendida. De acuerdo con la tradición, la lámpara de calabaza o Jack O-Lantern tiene el objetivo de ahuyentar a los malos espíritus de las personas y de sus hogares.

La adaptación latina

En Latinoamérica y principalmente en México, la muerte convive cada año con los vivos, llegando a su punto máximo el 2 de noviembre, en una celebración colmada de regocijo y rituales místicos en honor de los difuntos.

La tradición indígena, reconocida por la UNESCO como obra maestra del Patrimonio Cultural de la Humanidad, se mantiene viva gracias a los miles de mexicanos que recuerdan, reviven, y ponen altares en memoria de sus familiares ya fallecidos. El festejo comienza el 31 de octubre con un altar ataviado con flores de cempasúchil, pan de azúcar, frutas y dulces.

Una pieza indispensable de la ofrenda es el retrato del difunto, debido a que se cree que la imagen debe permanecer a la vista para explicar que el finado está presente como miembro de la familia.

La ofrenda también se puede enriquecer con otros elementos simbólicos como el agua, que representa la fuente de la vida; la sal, como elemento de purificación, y las velas, que simbolizan la luz que guía a las ánimas en su visita y de vuelta a su morada, así como platillos típicos como el mole y los tamales, el licor, la cruz de ceniza, incienso y papel picado.

Para los vivos, la tradición es degustar el ‘pan de muerto’ espolvoreado con azúcar y endulzado con anís o azahar.

El culto a la muerte en México no es algo nuevo, pues ya se practicaba desde las culturas prehispánicas. En el calendario azteca, que se conforma por 18 meses, había por lo menos seis festejos dedicados a los muertos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México. También existen registros de celebraciones en honor a la muerte en etnias de origen maya, purépecha y totonaca.

En la actualidad, esta tradición perdura con más fuerza en la localidad de San Andrés
Mixquic, un pueblo ubicado al sureste de la Ciudad de México, en Metepec en el Estado de México y principalmente en Pátzcuaro, en el estado de Michoacán (occidente de México).

Al caer la tarde, los habitantes de la región purépecha acuden al panteón, donde sin importar el frío, pernoctan desde el 1 de noviembre para retirarse al mediodía del día 2. Por la noche, las aguas del lago se iluminan con la tradicional danza de los pescadores, quienes recuerdan con un baile a los que se adelantaron en el camino.

En Nicaragua, también se acostumbra comer buñuelos y ‘sopa borracha’ al pie de la tumba de los seres queridos.

En Bolivia y Ecuador se ofrecen grandes banquetes para vivos y muertos en las casas o en los cementerios. En Guatemala, no sólo llevan flores a los fallecidos, sino un platillo especial elaborado con verduras, carnes, quesos, embutidos y mariscos, que se come frío sobre las tumbas.

Sin embargo, lo más común en toda la región sigue siendo dedicar el día para limpiar, pintar y adornar con flores las tumbas de los que ya no están en este mundo.

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